“.... Y ahora
que habéis ocultado los cañones entre las magnolias,
dejadnos un día sin armas sobre la hierba
al susurro del agua en movimiento,
de las hojas de caña frescas en el pelo,
mientras abrazamos a la mujer que nos ama.
Que no suene de pronto sin ser noche
el toque de queda. Un día, un solo
día para nosotros, oh amos de la tierra,
antes que vibren otra vez el aire y el hierro
y una esquirla nos queme en plena frente”.